Friedrich Hollaender

Friedrich Hollaender   ( 1896 - 1976 )

Friedrich Hollaender es una de las figuras más importantes de la escena musical alemana de la primera mitad del siglo XX. Compositor y libretista de numerosas revistas, de música para películas, director, actor, pianista. Sería difícil encontrar otro artista tan polifacético y que haya cultivado tantos géneros con tal maestría.

Nació en Londres el 18 de octubre de 1896, hijo único del maestro de capilla y compositor de operetas Victor Hollaender y de la cantante de variedades Rosa Perl. Gran parte de su familia tenía relación con el mundo de la cultura y el espectáculo. Su abuelo paterno era un gran aficionado a la música y el teatro, afición que inculcó a sus hijos Felix, que escribía obras para el teatro de Max Reinhardt, y Gustav, que dirigía el conservatorio Stern'schen.

F. Hollaender con sus padres
F.H. con sus padres

A principios de siglo la familia se mudó a Berlín, ciudad de la que procedían. Su padre Viktor trabajaba en casa, en una habitación presidida por un piano. Allí tenía el niño terminantemente prohibida le entrada. Sin embargo, el sonido que salía de aquella enorme caja negra constituía una tentación demasiado grande: un buen día entró a escondidas, se sentó en la banqueta y empezó a pulsar teclas. Cuando entró su madre y le vió allí sentado le regañó: ¿Acaso no sabes que no se puede entrar en esta habitación? A lo que el niño respondió sin inmutarse: estoy componiendo.

Su interés por el piano no decayó con el tiempo, y a los doce años ya estaba estudiando en la Musikakademie de Berlín, con Engelbert Humperdinck como maestro.

Pronto se evidenciaron sus dotes naturales para la música. Con 13 años uno de sus pasatiempos favoritos, como el de tantos muchachos de su edad, era el cine. En aquella época las películas eran aún mudas, y la falta de sonido se suplía con un acompañamiento musical in situ, habitualmente de piano. El joven Friedrich acudía con frecuencia a la sala que había en la calle Leibniz, y en su autobiografía Von Kopf bis Fuß cuenta su experiencia:

Programaban películas de cinco minutos, quince por sesión, proyectadas consecutivamente y al acabar se encendían las luces y las propietarias, dos hermanas gemelas, gritaban por la sala: "¡La sesión de las once ha terminado! ¡Chocolate, galletas, limonada!".¡Qué maravillosas películas se proyectaban en la pantalla! "El niño enfermo", "La vida en las playas de Tokio", "Lehmann engaña a su mujer". Pero también filmes de una jovencísima Asta Nielsen, delgada, de ojos enormes (los berlineses bromeaban sobre su delgadez: "se detiene un taxi vacío, ¿quién se baja? Asta Nielsen").

Allí tocaba el piano una mujer enjuta, en una sala contigua. Música de salon y oberturas, una vez de un compositor y otras de otro. Y entre medias largas pausas. Pero a mí me disgustaba este acompañamiento musical, que nunca se acompasaba con la acción. Si aparecía en escena una mujer de luto en un cementerio, se ponía a tocar la pianista la parte rápida de Poetas y Obreros. Si el ladrón escapaba a toda velocidad por los tejados, ella no se apeaba del Heideröschen. Un buen día me harté, y pedí con cortesía que me dejaran acompañar la película al piano. Las hermanas accedieron gustosas. El joven espectador era, como todos sabían, hijo de Viktor Hollaender, el famoso músico. No sin cierta reticencia se retiró la pianista y me cedió la banqueta.

Entonces empecé a improvisar con frenesí. Los ojos fijos en la pantalla, donde se sucedían con rapidez las imágenes. Si se veía a un niño llorar en la película, lloraba el piano con él, supliendo la falta de llanto. Si disparaban los indios, la mano izquierda imitaba los relinchos desbocados de los caballos, mientras la derecha replicaba cada flecha con un glissando. Todo esto causaba un gran efecto. Me convirtió en un ídolo de la diversión y, aunque parezca una tontería, el público notaba la diferencia. Tanto es así que, cuando se me hacía un poco tarde, las gemelas llamaban a mis padres: "buenas tardes, le llamamos del cinematógrafo de la calle Leibniz. Su hijo está tocando maravillosamente hoy. ¿Les importaría que se quedara media hora más?"

Poco sabía yo que, con el tiempo, llegaría a componer la música de más de 150 películas en Hollywood.

Primera obra de FH para el cabaret
'Tritt mir bloß nich auf die Schu',
primera obra de Hollaender para el cabaret

Junto al teatro y la música, otra de las grandes aficiones de Hollaender era, y seguiría siendo a lo largo de su vida, la literatura. No sólo compuso gran cantidad de textos para canciones, así como libretos de revistas, sino que que en esta época, hacia 1913 funda, junto a su amigo Heinz Barger la revista literaria Neue Jugend (La Nueva Juventud), en la que llegan a colaborar escritores e ilustradores que después se harían un hueco en el mundo literario alemán. Uno de los autores por los que sentía especial predilección era la escritora Else Lasker-Schüler, en cuyos textos basaría uno de los ciclos de canciones más famosos de esta época, los Cuentos de una niña pobre, cuya interpretación a cargo de su esposa Blandine Ebinger les harían famosos a los dos.

Con 17 años realiza varios viajes al extranjero: a París, adonde va con su madre para visitar a un tío materno. Allí se siente atraido por los teatros más que por los museos. Acude a espectáculos de Sarah Bernhardt y de la famosa cantante Mistinguett, que aunque por esa época ya no era precisamente joven, seguía siendo la preferida del público parisino.

El segundo viaje es a Nueva York con sus padres. Su padre tiene allí un encargo para componer la música de una opereta, The Clairvoyant. Allí tiene la oportunidad de conocer a grandes artistas como Al Jolson o Irving Berlin. Pero en 1914 tienen que regresar todos apresuradamente a Berlín: ha estallado la primera Guerra Mundial.

vacaciones en Kampen
Hollaender y amigos
durante una jornada festiva en Kampen

Alemania moviliza a todos los jóvenes aptos para servir en el ejército. También al joven Friedrich, que cuenta apenas 18 años. Gracias a la influencia de su tío Felix le envían en 1915 a Praga, como ayudante del Kapellmeister Tewele, director del Landestheater. Más tarde se le destina, también por mediación de su familia, a un teatro en el frente occidental, donde ocupa el puesto de Kapellmeister. Allí permanece, ofreciendo representaciones de opereta a soldados y oficiales, que a veces tienen que ser interrumpidas por los bombardeos. Una vez acabada la guerra vuelve a Berlín.

El Berlín que encuentra a su regreso presenta un panorama desolador: en cada esquina se encuentra un estraperlista, la población está desmoralizada y la actividad teatral reducida a mínimos, donde los únicos espectáculos que triunfan son los locales eróticos que ofrecen evasión de la dura realidad.

Blandine Ebinger
Blandine Ebinger, la 'niña pobre'
de Hollaender

Un día recibe la llamada de Hans von Wolzogen, director del Cabaret Schall und Rauch. Bajo el amparo del prestigioso director teatral Max Reinhardt está intentando montar un cabaret político-literario. Está buscando artistas, músicos, compositores, cantantes. Muchos de los nombres que van a formar parte de este proyecto aún le suenan desconocidos a Hollaender, pero en poco tiempo se reunirá en el Schall und Rauch lo más granado del cabaret alemán, marcando lo que será el desarrollo posterior del género: Tucholsky, Klabund, Mehring, Gussy Holl, Ringelnatz, Spoliansky, Ebinger. De esta última, que acabará convirtiéndose en su primera esposa y musa artística, recuerda Hollaender:

Entonces una jovencita sube al escenario, una muchacha delgadídsima, de cara pálida, muy pálida, palidísima bajo su peinado a lo garçon. Parece el espíritu de un espíritu. Se asemeja a una puta de bar. Se sienta en una silla invisible, cruza las piernas, se recoge un poco la falda, pide una copa de cognac, y le sale del alma una voz aguda [...] que brota de su boca con un ingenio digno de contemplación, así se podría describir. ¿Cómo se llama este ser? ¿Blandine? Nadie se llama así. Sin embargo, así se llama: Blandine Ebinger.

Para ella precisamente escribiría Hollaender su primer número de cabaret: Tritt mir bloß nich auf die Schu, en 1919.

F. Hollaender en su juventud
Fotografía de los años 20

Con la llegada de los años 1920 empieza a hacerse frecuente en Berlín la aparición de bandas de música y artistas norteamericanos, que traen consigo nuevos ritmos: el jazz, el foxtrot, el black-bottom. Hollaender, que tenía un talento especial a la hora de asimilar formas musicales extranjeras, adopta estos ritmos y en 1927 asume la dirección de la que se considera la primera gran jazz band de Alemania, Die Weintraub Syncopators, fundada por el clarinetista Horst Graff en 1924. Al año siguiente graban su primer disco.

Los Weintraub Syncopators
Los Weintraub Syncopators

En 1920 F. Hollaender y su esposa Blandine dejan el Schall und Rauch para actuar el cabaré recién abierto por Rosa Valetti en la primera planta del Café des Westens, el Größenwahn (Megalomanía). Allí compondría el ciclo de canciones Lieder eines armen Mädchens, (Canciones de una niña pobre), que les lanzarían a la fama: a Hollaender como compositor y a Blandine como intérprete. Este ciclo estaba basado en el personaje de Lieschen Puderbach, creado por la escritora Else Lasker-Schüler.

Ebinger, Hollaender, Philine
Ebinger y Hollaender, pareja artística
y sentimental, con su hija Philine

Simultáneamente a su otra actividad, trabaja Hollaender con mayor o menor regularidad para el Wilde Bühne, cabaret abierto por Trude Hesterberg y en el que coincidirían los grandes nombres de la renovación del kabarett de los años 20: Walther Mehring, Klabund, Marcellus Schiffer, Margo Lion. Eran tiempos de gran actividad musical, aunque por culpa de la inflación los escasos ingresos perdían valor en cuestión de horas.

En 1926 se estrena como compositor de música para películas con Kreuzzug des Weibes, un film de crítica social de Martin Berger, que cosecha buenas críticas.

Un día recibe la llamada de Lucie Mannheim. Quiere pedirle un favor: el director de cine Joseph von Sternberg ha venido de Estados Unidos para hacer una película sonora basada en Professor Unrat de Heinrich Mann. El título será El Ángel Azul y están buscando a una actriz para el papel de Lola, una chica vulgar pero sexy. Lucie quiere que Hollaender le acompañe al piano durante las audiciones.

F. Hollaender con Marlene Dietrich
Escena de Der Blaue Engel
con M. Dietrich y Emil Jannings

Finalmente acude con ella a los estudios donde se celebran las pruebas. Allí interpreta dos o tres canciones, pero finalmente Lucie no es seleccionada, decantándose los productores por una actriz semidesconocida, Marlene Dietrich. No obstante, von Sternberg se fija en Hollaender y le propone componer la música de la película, incluidas las dos canciones que le harían famoso como compositor fuera de Alemania: Ich bin die fesche Lola y, sobre todo, Ich bin von Kopf bis Fuß.

Al año siguiente, 1931, interviene en otra película, Der Mann, der seinen Mörder sucht (El hombre que buscaba a su asesino), dirigida por Robert Siodmak. Además de interpretar el papel de jefe de una banda de gangsters, compone una canción para el filme. La canción, Wenn ich mich was wünschen dürfte (Si pudiera pedir un deseo), se haría famosa más tarde en la voz de Marlene Dietrich.

F. Hollaender
Hollaender hacia 1930

A todo esto, su trabajo como colaborador en el Wilde Bühne había finalizado a la fuerza, pues el local había ardido por completo por culpa de un cortocuito. No se había asegurado, así que todo el proyecto se fue al traste. Unos meses después, Hollaender se decidió a montar su propio teatro en el mismo sitio, el Tingel Tangel. Su puesta en marcha supuso un enorme esfuerzo por parte de Hollaender, que tuvo que hacer de compositor, escritor y productor, además de buscar artistas y ocuparse de la intendencia.

En el estreno actúan Herrmann Schaufuß, Ellen Frank, Toni van Eyck, Hubert von Meyerinck, Hans Deppe, Ellen Schwannecke, las hermanas van Elben y su nuevo descubrimiento, Hedi Schoop. También Blandine Ebinger, de la que se había separado hacía poco. A Hedi la había encontrado en el Katakombe, donde bailaba con su hermana Trudi.

Los preparativos no estuvieron exentos de dificultades. Una parodia sobre la famosa película Fridericus Rex provoca las iras de la todopoderosa productora UFA, que le amenaza con no volver a contratarle si no retira la parodia, cosa a la que se niega Hollaender.

escena de Hochste Eisenbahn
Escena de la revista 'Höchste Eisenbahn'

Finalmente estrenan en enero de 1931 con el aforo completo. En primera fila se encuentra Marlene Dietrich, que acaba de llegar de Estados Unidos convertida ya en una estrella internacional. Durante el intermedio sube al escenario para interpretar su gran éxito Ich bin von Kopf bis Fuß. En la reanudación actúa una de las estrellas del espectáculo, Blandine Ebinger. El público, consciente de la rivalidad existente entre las divas y del mal trago que supone actuar después de Marlene, le dedica una enorme ovación. Tres revistas más ven la luz en el Tingel-Tangel: Spuk in der Villa Stern, a finales del año 1931, para la que compone números tan famosos como Das Mädchen auf dem Drahtseil (La Funambulista), que muestra a una joven muchacha, trasunto de la República de Weimar, que hace equilibrios para no caer a un lado (la dictadura) ni a otro (el desempleo). También para esta revista escribió Hollaender la canción Münchausen, interpretada por Hermann Schaufuß.

La segunda revista, Allez Hopp, tuvo que ser interrumpida por enfermedad de Friedrich, que se tomó un descanso en Hiddensee con su ya esposa Hedi Schoop. La tercera, Höchste Eisenbahn, se estrena en septiembre de 1932. Los guardianes del régimen vigilan cada vez más de cerca los escenarios para impedir críticas inoportunas. Durante la representación alguien de entre el público lanza una amenaza nada velada hacia el compositor. Un número del espectáculo parece molestarles en especial: Die Notbremse (El Freno de Emergencia). Aunque las cosas no pasan a mayores, Berlín es una ciudad cada vez menos segura.

Hollaender y Hedi Schoop
Con su segunda esposa, Hedi Schoop

A pesar de los roces anteriores, en 1932 la UFA le propone dirigir una película, la comedia musical Ich und die Kaiserin (La Emperatriz y yo), con un reparto plgado de estrellas internacionales: Lilian Harvey, Conradt Veidt, Charles Boyer, Heinz Rühman, Pierre Brasseur, Mady Christians, Maurice Evans, Corette, Hubert von Meyerinck, Herrmann Schaufuß o Kate Kühl. El trabajo de Hollaender incluyó, además de la dirección, la composición de piezas originales (junto a Franz Waxman) y arreglos musicales de obras de Charles Lecocq y Jacques Offenbach, entre otros.

La filmación se hizo según los usos de la época. Cada escena se rodaba tres veces: una en alemán, otra en inglés y otra en francés. En cada una se alternaban los protagonistas masculinos. Conradt Veidt para la alemana, Charles Boyer para la inglesa y Pierre Brasseur para la francesa. Lilian Harvey, la protagonista femenina y gran estrella de la producción, interpretaba las tres tomas.

Lilian Harvey interpreta 'Wie hab' ich nur leben können ohne dich'
('Cómo he podido vivir sin ti') de la película 'La Emperatriz y yo'

El rodaje siguió su curso hasta que, cerca ya del final, la Harley protestó porque el protagonista se casaba con la peluquera, un personaje secundario, en vez de con ella. Paralizó el rodaje, y tuvo que intervenir el productor para poner orden, aunque al final Lillian Harvey se salió con la suya.

yo y la emperatriz
Hollaender con el reparto del film 'Yo y la Emperatriz'

El estreno, el 22 de febrero de 1933, fue todo un éxito, aunque coincidió con la toma del poder por parte de los nazis. Unos días después, al volver a casa, el portero le avisa de que ha oído rumores de que está en la lista negra de los nazis. Huye precipitadamente a Londres, puesto que tenía pasaporte británico. Allí concede varias entrevistas a medios británicos en las que alerta de lo que está pasando en su país, pero por lo general la gente tiende a creer que está exagerando.

Tranquilizado además por algunas cartas que recibe desde Alemania, decide volver a Berlín. Nada más llegar se dirige a la casa donde viven Hedi y su madre. Aparentemente todo está tranquilo, pero encuentra a su suegra muy nerviosa. Le hace señas para que se dirija a la taberna de la esquina y allí se reúne con él. De repente las cosas ya no parecen tan normales. Espera a que se aleje el camarero para contarle que la Gestapo anda tras sus pasos. Han registrado su casa y quieren saber cuándo volverá. Han encontrado cartas de conocidos judíos, como él, que pueden ser comprometedoras. Están quemando públicamente libros y cuadros. Tiene que huir inmediatamente.

Junto a su esposa Hedi Schoop coge un taxi y se dirigen a la estación de trenes. Apenas se atreven a hablar durante el trayecto delante del taxista, por miedo a delatarse. A causa de unas obras tienen que desviarse y atravesar el Tiergarten, el gran parque público de Berlín. Allí encuentran en medio del camino a unos jóvenes nazis con sus camisas pardas, que avanzan hacia ellos cantando. El aspecto ario de Hedi les permite seguir hasta la estación. Allí saca dos billetes para el primer tren que salga de Berlín, sin importar el destino. El azar quiere que el tren salga hacia París.

La vigilancia en los trenes ha aumentado en los últimos días, pero tras un viaje lleno de incertidumbre llegan a la frontera, y desde allí a París. Una vez llegados se hospedan en el hotel Ansonia, situado en la avenida de la Grande Armée. En este hotel se concentran muchos de los refugiados que huyen de la Alemania nazi. Las habitaciones, pequeñas pero baratas, acogen a gente de toda condición, personas de paso hacia cualquier otro sitio donde rehacer sus vidas. En la 3ª planta se alojaba Billy Wilder, en la 5ª el actor Peter Lorre con su mujer Cilly y el compositor Franz Wachsmann con su mujer Alice. En la 1ª el escritor Max Colpet, asi como Joe May o Ezra Fleck, un fotógrafo de la corte y algún famoso abogado.

Allí se reunían para hablar de los últimos acontecimientos: las posibilidades de trabajo, los cotilleos o las noticias, casi siempre desalentadoras, que llegaban de Alemania. El desánimo cundía entre los emigrantes, que pasaban sus días en un estado entre la desesperación y la melancolía.

Visa de entrada en EEUU
Visa de entrada de Hollaender para EEUU

Un día llega un telegrama de Erich Pommer ofreciéndole un contrato para trabajar en Hollywood con la productora Fox. Es un contrato de tres meses tan solo, pero le permite emigrar a EEUU, aunque con un simple visado de turista. Allí, con el dinero conseguido con sus primeros trabajos para la industria del cine, reabre su Tingel-Tangel en Santa Monica Boulevard. Intenta adaptar el espectáculo al gusto americano con textos en inglés, etc. pero el formato no parece adecuarse a los gustos del público y dura poco.

El nuevo Tingel-Tangel
El nuevo Tingel-Tangel en Sta Monica Boulevard

Para alargar su permiso de residencia tiene que viajar a México y volver a entrar en el país. Hace algunos trabajos para la RKO, pero son tiempos difíciles donde apenas surgen oportunidades de trabajo. Sobrevive gracias al mutuo apoyo que se prestan los emigrados alemanes que han acabado en EEUU. En aquella época vive en un pequeño apartamento con Hedi, y escribe su primera novela, en inglés, titulada Those Torn from Earth y con el tema del desarraigo como fondo. Apareció en 1941 con prólogo de Thomas Mann.

Con el tiempo surgen los primeros contratos, entre ellos uno de tres años para la Paramount. Trabajar en aquellas grandes productors no era nada fácil, y menos para un recién llegado como Hollaender. El número de personas que trabajaban en una película era impresionante: producción, luminotecnia, sonido, técnicos de toda clase donde todos daban su opinión. Así recuerda Hollaender como transcurría una de aquellas interminables sesiones:

Entonces entraron algunas personas en la sala. Yo estaba en mi sitio, sentado al piano. Pero, ¿qué es esto? Esta gente no pertenece al departamento de música ¿o sí? Tal vez sí, si entendemos el término en un sentido amplio. Despues aparecen las secetarias, guionistas, decoradores, documentalistas, otros muchos que ni siquiera había visto antes: ayudantes de operador, la secretaria personal del director, todos tomaron asiento allí mismo, no sé si como público o como jurado. Por último llega, rodeado de los productores, los cámaras y el productor el gran jefe, impaciente. Ya estamos todos. Se apaga la luz ¿Y ahora? Entonces suelta un gruñido, y me sobrecojo al comprender que tengo que interpretar mi música a la escasa luz de una lámpara, acompañando la proyección de la escena. Hay un tipo a mi lado, cronómetro en mano, dispuesto para apretar el botón al primer compás, y así comprobar la correcta sincronización de música y película. Una prueba técnica, para ver si todas las piezas del engranaje encajan.

La escena dura tres minutos y medio. Trata de la espera llena de incertidumbre y congoja de una enamorada que da vueltas por la habitación, sobresaltándose cada vez que oye pasar un coche, decepción que yo intento reflejar al piano. Para ello dispongo de un pequeño tema que me han dado como muestra, y que he intentado adecentar como he podido. Me gustaría darle un poco más de suavidad, pero el tipo del cronómetro va marcando con un movimiento de cabeza el ritmo de la escena. Es su trabajo, pues exactamente a los dos minutos diez segundos gira su cabeza la mujer, y no se puede desincronizar ni un pelo. No le culpo al tipo del cronómetro, es sólo un engranaje más dentro del departamento de música. La escena llega a su final. Detiene el cronómetro y asiente, pues la escena ha durado exactamente tres minutos y medio. Al menos la sicronización ha funcionado. ¿Y ahora? Un gran silencio. Se podría pensar: ahora se va a producir un juicio divino sobre la sonata Claro de Luna. Nadie abre la boca. Ni las secretarias, ni los guionistas, ni los documentalistas. Ni siquiera el productor o el director. Esto es el departamento de música, el laboratorio del alquimista de sonidos indefinidos. Ahora le toca el turno al gran jefe. Este se quita finalmente el cigarrillo de la boca, echa el humo y dice en voz baja rompiendo el silencio: esto es pis sobre hielo. En ese momento quería que me tragara la tierra.

Hollaender debió de vivr numerosas situaciones como esta durante sus años de trabajo en EEUU, y aun cuando no fuera todo siempre tan terrible, uno se puede imaginar la frustración que sentiría un espíritu creativo como el suyo teniendo que someterse a unas exigencias tan estrictas como las que imponían las grandes productoras de Hollywood.

No obstante, el talento acabó por imponerse y los éxitos acabaron llegando. Poco después llegó su primer nº 1 en las listas de éxitos: Moonlight and Shadows, interpretada por Bing Crosby.

Leza Hollaender
Leza Hollaender con la hija de ambos, Melodie

En 1938 se separa de Hedi Schoop, separación a la que sigue un breve matrimonio con una jovencita rubia, de nombre Leza, que le daría su segunda hija, Melodie.

Mientras tanto, la situación europea se va deteriorando a pasos agigantados. Muchos aun no creen que se pueda producir una nueva gran guerra. Dos meses después de la anexión de Polonia, Hollaender adquiere la nacionalidad norteamericana. Durante la tramitación, a veces tortuosa, unos agentes del FBI se presentan en su casa para preguntarle por una canción que había compuesto ¡en los años 20!. Rote Melodie, que era la canción en cuestión, hablaba de revolución, de desafío a la autoridad, y eso pareció encender las alarmas en los servicios de inteligencia. Tras una traducción adecuada del texto de esta Melodía Roja, todo quedó aclarado y el proceso siguió su curso.

F. Hollaender en sus últimos años
En los últimos años de su vida

Sigue trabajando, y tras finalizar el contrato con la Paramount firma otro por tres años con la Warner Brothers. Durante la guerra la situación de los no nacionalizados se hizo bastante dura: no podían poseer cámaras de fotos ni armas, y les estaba prohibido acercarse a puentes o presas. La sospecha recaía sobre ellos permanentemente. Para aquellos que sí habían adquirido la nacionalidad estadounidense, como Hollaender, las cosas eran distintas. fueron agrupados en unidades de protección contra incendios. Debían estar localizables para el hipotético caso de que se produjeran ataques de bombarderos enemigos, así como asegurarse de que todas las viviendas apagaban sus luces para no ser localizadas. En cada grupo, bajo la dirección de la Cruz Roja, se incluyó a gran parte de los europeso exiliados: Franz Wachsmann, Ernö Verebes, Billy Wilder y el propio Hollaender compartieon las tareas y el entrenamiento para el caso de que se produjera alguna catástrofe, equipados con con una linterna, un revolver y un extintor. La ruta de vigilancia que les había tocado pasaba cerca de la casa donde vivía Max Reinhardt. Una noche se acercó a verle, y allí estuvieron hablando de sus nuevos proyectos, aunque la añoranza de los viejos tiempos en Berlín no le había abandonado. Pocos días después muere. En aquella época mueren también otros ilustres exiliados de la Alemania nazi: Paul Graetz, Ernst Lubitsch.

Hollaender con Berthe, su cuarta esposa
Hollaender con Berthe, su cuarta esposa

Acabada la segunda Guerra Mundial contrae matrimonio con Berthe, su cuarta esposa, y continúa con su exitosa carrera como compositor de música para el cine. En 1951 compone la de la película Los cinco mil dedos del Dr. T, nominada para el oscar a la mejor banda sonora, aunque no lo llegó a conseguir. A esta siguieron muchas otras, como Sabrina, con Audrey Hepburn, o Foreign Affair, con Marlene Dietrich.

Después emprende un viaje que le llevará a recorrer buena parte de Europa. Entre las paradas incluye una en Alemania, donde visita el campo de concentración de Dachau. También visita a viejos amigos y a algunos de los que regresaron después de la guerra: Blandine Ebinger, Curt Bois, Ernst Deustch. Al cabo de dos meses regresa a EEUU.

Friedrich con sus dos hijas
Hollaender con sus dos hijas,
Philine y Melodie

Cansado de tanta música para el cine, decide volver a sus orígenes, a la revista musical. Después de tantos años vuelve a los escenarios con la obraScherzo, estrenada en Alemania, donde se reencuentra con sus antiguos compañeros. Los preparativos no son fáciles: algunos actores se pasan al cine o a la televisión durante los ensayos, y el estreno sale bastante mal.

Poco tiempo despues, en 1956, regresa a Alemania, instalándose en Munich, ciudad en la que declara sentirse como en casa. Allí Trude Kolman le invita a componer nuevas revistas para su teatro, Die Kleine Freiheit. Hollaender no está muy convencido. Cree que los tiempos del cabaret han pasado. Pero Kolman insiste, y le lleva a oir a una joven cantante que está promocionando, Hanne Wieder. Hollaender queda encantado con ella, y le escribe cuatro revistas consecutivas entre 1958 y 1961. Sus títulos eran Hoppla aufs Sofa, Der große Dreh, Es ist angerichtet y Futschikato, para la que compone Spötterdämmerung, verdadero canto del cisne del cabaret político.

Hanne Wieder
En concierto, acompañando
a Hanne Wieder

Aún sigue componiendo y haciendo breves papeles para el cine, como su aparición en la película de Billy Wilder Uno, Dos, Tres como director de orquesta.

Cuando por fin regresa a Berlín, escenario de tantos de sus éxitos, no es capaz de reconocer una ciudad que ha sufrido tantos cambios.

Hollaender en Munich 1973
En Munich, 1973

En 1965 publica un libro de memorias, Von Kopf bis Fuß. Muere el 18 de enero de 1976 en Munich.